Anoche salí con M. Me prometí que no iba a arruinar las cosas, la idea era que él lo pasara bien, de modo que tuviera ganas de que la salida se repitiese. Pero es difícil pasar un buen momento cuando tu vida se está incendiando.
Siento que mi vida se ha transformado en una horrible pesadilla desde aquel Domingo fatídico. Estábamos acostados, yo en brazos de él, cuando en un momento lo miré y vi en su cara una expresión "rara". Tuve que insistirle para que me contara. ¿Qué le pasaba? Había perdido sus sentimientos hacia mí, quedaba el afecto, el cariño, pero el amor se había ido.
Le he pedido que me diera la oportunidad de recuperarlo. No quiero perderlo sin luchar. Así fue que anoche lo llamé para salir. Me invitó a comer. Pero en el restaurant, lleno de gente, feliz, mi tristeza se hacía más visible. Además, el dolor que provoca la mirada extraña, que proviene de aquella persona que era tu ser más cercano. Gestos que antes eran normales, agarrarme la mano, darme un beso, abrazarme, han desaparecido y ese vacío pulsa las cuerdas más profundas, recordándome que estoy sola. Cenando con alguien, pero sola. Así que tuvimos que irnos del restaurante porque Vero ya estaba llorando.
Después de eso, recuerdo el frio de anoche y sobre todo su voz insistiéndome con que no quiere estar de novio, ni conmigo ni con nadie. Que ya lo perdí y que hay una parte de él que me odia. Aún así, lo invité a mi casa. Charlamos. Recuerdo un montón de cosas dolorosas, cosas que me van a quedar marcadas por siempre. Sobre todo, recuerdo que me dijo que tengo en las manos una hoja en blanco y que de mi depende lo que escriba en ella. Que si lo que coloco en la hoja es bueno, podemos recomenzar las cosas. Pero que si sucumbo a mis emociones, la última oportunidad se pierde.
De modo que aquí estoy, un domingo al mediodía. Sola, en casa. Debería estar estudiando, pero me estoy psicoanalizando tecnológicamente. Esperando que me llame, porque le pedí que si hoy estaba cansado, aburrido o con ganas de distenderse, podía llamarme y hacíamos algo juntos. Así que me puse el teléfono al lado y cada tanto, le insisto que suene. Vamos a ver que pasa. Si suena, espero no arruinar nuevamente el momento. Tengo que mantenerme calma, no llorar ni mostrar emociones, tratar de que él pase un buen momento. Y si no suena... bueno, quizás en la próxima entrada les cuente que pasó...